martes, 23 de abril de 2013
Concurso de Relatos Eróticos Karma Sensual 9 "Secreta Pasión"
viernes, 1 de junio de 2012
Concurso de Relatos Eróticos KARMA SENSUAL 8 " Me desordenas, amor"
jueves, 31 de mayo de 2012
"Secretos de un seductor" de David del Bass
lunes, 1 de agosto de 2011
Él último cliente
Mesó su pelo rubio y respiró profundamente. Acababa de apagar el aire acondicionado y había dejado de sentir la caricia del aire fresco artificial en su rostro. Estaba realmente cansada, había dormido mal la noche anterior y lo único que deseaba era tumbarse para recuperar fuerzas. Había aprovechado el cierre de la tienda a las horas del mediodía para hacer la habitual compra semanal y no había podido descansar siquiera unos instantes, como hacía habitualmente tras el almuerzo. Cogió las llaves y se dirigió a la puerta para cerrar el local, sin embargo, un último cliente le sorprendió en su camino a la puerta. Guardó sus llaves en el bolsillo derecho de su minifalda turquesa y ella misma le abrió.
-Estaba a punto de cerrar. –Sentenció Alice.
-¿Puedo pasar? –Afirmó aquel hombre sin esperar respuesta, entrando directamente a la tienda.
Para evitar que entraran nuevos e inesperados clientes, cerró la puerta del local, bajó la persiana veneciana hasta la mitad y volvió el cartel mostrando al exterior que la tienda ya estaba cerrada.
Alice volvió al mostrador y el cliente comenzó a mirar detenidamente cada una de las vitrinas con los artículos que allí había expuestos. No estaba mal, pensó Alice, quizás se equivocaba, pero parecía tener más de cuarenta años, quizás incluso había alcanzado la cincuentena, pero su porte era atlético, tremendamente musculoso, pensó Alice. Se intuían sus pectorales bajo su camiseta azul oscura, su culo era estrecho y sus hombros anchos, su pelo era oscuro, casi negro y corto, apenas lucía un mechón canoso en la parte delantera de su cabeza. Sus labios eran prominentes y bien perfilados. Alice movió la cabeza para obligar a su mente a centrarse en su tarea. No le gustaba mezclar el trabajo con el placer, pero le comenzaba a resultar difícil, parecía que los últimos meses de sequía habían acentuado su libido. El onanismo reiterado no era la solución perfecta pese a todo, pensó por un instante.
-¿Estaba buscando algo en concreto?- Preguntó Alice.
-No, bueno, quería comprar algo tipo blackberry o un iphone.-Respondió el cliente.
-Tenemos muchos modelos actualmente, la verdad es que ese tipo de teléfonos ahora lo lleva mucho la gente. Se han puesto de moda. Le mostraré algunos.
Alice sacó sus llaves del bolsillo y abrió una de las vitrinas centrales. El hombre se aproximó y ella pudo apreciar su aroma. Llevaba un perfume caro, no tenía la menor duda. Podía notar el olor a almizcle, algo de sándalo y un pequeño toque de cítricos. Era excitante y lo agradeció. Estaba cansada de aquellos clientes que expedían mal olor, quizás a alguno de ellos le hubiera podido podía por el bochornoso calor imperante en la ciudad, pero otros hubieran debido ser quemados en la hoguera por falta de higiene.
Cogió el móvil y Alice le fue mostrando a su cliente todas las propiedades con un entusiasmo estudiado. Conocía cada detalle de todos y cada uno de los aparatos que vendía. Era primordial familiarizarse con el producto antes de ofrecerlo en la tienda dado que muchos clientes venían con las lecciones aprendidas de Internet y pedían características muy determinadas. Alice sinceramente pensaba que jamás utilizarían la mitad de los recursos que sus aparatos ofrecían, pero eso daba igual, había que satisfacer a los clientes y lograr la venta.
Había aprendido a ser coqueta y algo insinuante con los hombres maduros, a pecar de ingenuidad y dejar que las clientes femeninas pensaran que sabían más que ella, a ponerse del lado de los adolescentes y hablarles con su lenguaje. Hacía mucho tiempo que conocía y practicaba todos los trucos.
Por eso se inclinó ligeramente sobre el mostrador mientras enseñaba el móvil a su cliente, para que su generoso escote de estilo francés mostrara su abundancia carnal, sus pechos lucían apretados uno contra otro sin que hubiera espacio siquiera para meter un bolígrafo. Ella también olía a perfume, pero no le gustaba abusar de él y embriagar a su clientela. Un ligero toque rosal era suficiente para que toda la tienda oliera suavemente a ella. Sintió la mirada del cliente enfocada en sus pechos y se sintió poderosa.
El cliente le pidió que le enseñara otro de sus teléfonos, esta vez era uno de los más antiguos, ni siquiera tenía la pantalla táctil y se sorprendió por ello, no obstante, cuando se puso de puntillas para acceder a él comprendió que su cliente posiblemente quería observar sus largas piernas, podía sentir cómo contemplaba con detalle sus muslos torneados e incluso adivinó que incluso su escuálida tanga de encaje negro que tapaba tímidamente la línea que dividía sus muslos era objetivo de su mirada.
Le explicó parcamente las características del teléfono y miró el reloj, eran las 8 y cinco. Comenzó a pensar que aquel hombre no le iba a comprar nada y simplemente venía a echar un vistazo. No obstante, su presencia le gustaba, sus miradas se cruzaron por un instante y Alice sintió inesperadamente un ligero estremecimiento entre sus piernas. Ya no sólo se mostraba insinuante, había pasado a coquetear descaradamente con él. Realmente hacía mucho que no sentía un hombre encima de su cuerpo.
Parecía que su cliente estuviera sintiendo lo mismo que ella, no sólo su pícara mirada, sus acercamientos al mostrador hasta casi rozar sus cuerpos, su respiración algo agitada. ¿Se estaría equivocando? ¿Y si realmente era un ladrón que lo único que quería era robar la recaudación de su caja y unos cuantos teléfonos? ¿Y si lo que quería era arrancarla la blusa y forzarla? Sintió cierto calor entre sus piernas pensando en cada una de las posibilidades, y se sorprendió porque alguna de ellas no le molestaba en absoluto. Mientras le seguía mostrando más teléfonos se imaginaba a sí misma semi desnuda, en el suelo y atada mientras era poseída por su último cliente del día. Retiró las imágenes calenturientas de su mente para poder centrarse en su trabajo. Si hubiera sido otro quizás le hubiera mandado a paseo, era de los típicos clientes que no dejan de preguntar por uno y otro producto y no se deciden por nada. Pero éste…ese perfume la estaba semihipnotizando cual mago.
El calor del local era ya notorio, Alice lo sintió como una bofetada en su nuca, su larga cabellera era en esos instantes un incordio así que cogió su cabello con una mano haciéndose con ella una coleta y lo movió para refrescarse. Decidió que debía ir guardando los teléfonos descartados y no alargar más su jornada de trabajo. Cogió tres de los teléfonos para guardarlos en la parte superior de la vitrina central y el hombre se acercó estrechamente a ella por detrás. Alice se quedó inmóvil esperando sus movimientos. Era el momento en que le sacaría un cuchillo o quizás una pistola. No quería morir tan joven, sin embargo, aquel hombre lo único que hizo fue cogerle los teléfonos para depositarlos él mismo en la vitrina. Su respiración se agitó y sintió cómo su pecho subía y bajaba con más celeridad, en parte por el miedo que había invadido su mente y en parte porque la cercanía le había excitado.
Sin embargo sus pensamientos no estaban tan equivocados. El hombre apartó el pelo de Alice con sus dedos y rozó sus labios contra su cuello por un breve segundo, apartándose de inmediato, quizás esperando una respuesta negativa de ella. Pero Alice tan sólo emitió un breve gemido, permaneciendo en el sitio, deseando algo más que un leve roce. Hacía calor, demasiado calor, pero esa misma temperatura parecía subir la que surgía de su interior, de su deseo hace tiempo no saciado y de su hambre en mayúsculas de un hombre.
El cliente acarició sus brazos y avanzó tímidamente hasta alcanzar sus pechos. El canal que los unía ahora estaba ligeramente sudoroso. Abarcó ambos pechos y apretó su pelvis contra las nalgas de Alice, ella se irguió, dejando que sus nalgas se mostraran ahora más protuberantes. Alice le apartó para sorpresa de él, sorpresa que fue aún mayor cuando vio que Alice se sentaba insinuante en el mostrador abriendo sus piernas. El hombre se acercó sin premura, reconoció todo el cuerpo de Alice sintiendo cómo se estremecía y sin más preámbulos le quitó sus bragas, guardándoselas en el bolsillo de sus pantalones. Alice observó con asombro ese pequeño detalle, no obstante, ahora lo único que le importaba era que se acercara más a ella. Necesitaba un contacto carnal sin demora o se moriría de deseo. No tuvo que decirle nada. El hombre bajó la cremallera de sus pantalones y dejó asomar su miembro viril completamente erecto, aliviado por ser liberado. Alice se dejó abrazar por aquel desconocido y ella misma se quitó la blusa con premura, estaba tremendamente sofocada. El cliente completó la tarea desprendiéndola del sostén y dejando a su libre albedrío aquellos grandes pechos. No tardó en sobarlos y hacer que sus pezones consiguieran ser tan puntiagudos como lanzas recién afiladas. Él cogió los pechos entre sus manos, hundió su cara en ellos, los mordió y besó reiteradamente haciendo que Alice sintiera un indescriptible placer. Su sexo estaba henchido y el cliente, adivinado la necesidad imperiosa de ella lo acarició con sus dedos, recorriendo su vulva y abriendo sus labios hasta internarse en su acalorada cavidad de carne. Alice apoyando sus manos en el mostrador, abrió sus piernas más aún y se deshizo de sus sandalias de estrecho tacón para poder agarrar entre sus piernas a su cliente.
Cerró los ojos para disfrutar de las sensaciones, sin embargo, de repente notó algo templado y duro entre sus piernas, abrió sus ojos intentando adivinar lo que su cliente tenía entre manos, pero no lo fue capaz. Sin embargo el ruido y la vibración que sintió en su sexo le hizo por fin darse cuenta de lo que se trataba. El propio teléfono de aquel hombre se había convertido por arte de magia en un hábil consolador vibratorio. Sintió el cuerpo extraño rozando su culo, adentrándose entre sus nalgas, haciendo pequeños círculos en la abertura de su sexo que ahora se mostraba totalmente entregada. El hombre sabía lo que se hacía, masturbó a Alice de forma tal eficaz que le arrancó un orgasmo, haciendo que se mostrara aún más receptiva. La cogió de un brazo y la llevó hasta la parte de atrás del mostrador. Alice aún sentía los temblores de placer en su sexo, y aún no se sentía saciada. No habían más que comenzado. El cliente instó a Alice a agacharse invitando a Alice a comerse su verga. Ella accedió sin reparos y cogiendo el miembro del cliente entre sus manos lo engulló, lamiendo con su lengua la parte posterior y dejando que sus dientes se apoyaran ligera e intermitentemente en su parte anterior . Mientras la boca de Alice saboreaba rítmicamente el pene de su cliente, acarició sus testículos, achuchándolos de forma frecuente hasta hacerle gemir de placer.
La temperatura del local era ya insoportable, no sólo en parte a la falta de aire acondicionado, sino también al terrible calor que ambos cuerpos desprendían. Alice se levantó, orgullosa, y sentándose de nuevo en el mostrador, abrió sus piernas impaciente de ser penetrada. El hombre, agarrando sus brazos se acercó a ella y con una embestida lenta y continua, la llenó por completo, soltando en ese instado un leve quejido de satisfacción. Alice sintió el miembro llenando su cuerpo por entero, echó su cabeza hacia atrás y cerró sus ojos mientras él, de pie, inclinado sobre ella, empujaba su cuerpo contra su sexo una y otra vez mientras mesaba sus húmedos pechos, rebosantes de diminutas gotas de sudor. El ritmo alternaba, a veces cansino y eterno y a veces alocado y frenético, volviendo completamente loca a Alice, que entregada al desconocido, sentía ya cómo le dolía su clítoris de excitación culminada.
El hombre la embistió por última vez, sacó su miembro y arrodillándose sobre el mostrador, se derramó sobre los pechos de Alice, que, exhausta, aceptó aquella ducha inesperada.
El cliente se recolocó las prendas y tras unos breves segundos, Alice intentó hacer lo mismo con las suyas, no obstante, recordó que le faltaban sus bragas. Le haría falta pasar por el servicio para poder salir de allí. Estaba pringosa y sudaba profusamente.
-Realmente no me decido por ningún móvil.-Comentó él.
-No importa-Contestó Alice-Puede venir otro día.
-Lo haré.-Afirmó el cliente con una sonrisa en sus labios mientras Alice abría la puerta y dejaba que su último cliente se marchara.
Alice volvió a cerrar la puerta y se dirigió al baño. Ahora si que necesitaba descansar. El día había sido realmente fructífero, aunque no lo hubiera sido monetariamente hablando…
jueves, 14 de julio de 2011
CONCURSO DE RELATOS EROTICOS “Karma sensual 7: Pasiones prohibidas ”(2011)
Este año el tema es "Pasiones prohibidas". Os animo a escribir sobre todo aquello que hubierais deseado hacer y que no hicisteis precisamente por el calificativo de prohibido, o que sí realizasteis, cumpliendo vuestros deseos más oscuros. El tema da mucho juego: dos matrimonios que se conocen desde hace años, que siempre han deseado a las respectivas parejas y que un buen día con ayuda de un poco de alcohol acaban mezclando sus salivas, o el ardiente deseo de una mujer por tener varios hombres mimando sus ansias de sexo, o la imperiosa necesidad de un adolescente por masturbar su miembro aún virginal mientras contempla extasiado a su profesora de literatura. Cerrad los ojos y pensad en más historias, os sorprenderéis por la cantidad de pasiones prohibidas que surgen de vosotros...
Alice Carroll
Bases del concurso:
Literatura erótica no es la mera descripción del acto sexual, es contar una historia de amor y deseo con ribetes sensuales.
1) Pueden participar solamente personas mayores de 18 años de edad, residentes en cualquier país del mundo. Prohibida la participación a los miembros del Jurado. Pueden participar (siempre de forma anónima encubierta con seudónimo diverso) los ganadores incluidos en antologías “Karma sensual” de años anteriores a esta edición.
2) Los relatos deberán estar escritos en español global, sin modismos territoriales, cumpliendo con un discreto y adecuado nivel erótico literario, no se aceptarán vulgaridades. No a la apología de la violencia sexual, no a la pornografía, no a la pedofilia ni a la prostitución.
3) Se puede presentar una obra por persona, inédita, que no esté participando ni haya obtenido premios en otros concursos. El jurado de “Karma sensual” lleva adelante este concurso de buena fe, esperamos que los participantes cumplan con las bases o de lo contrario se hagan responsables de sus actos y las consecuencias de sus actos. Los derechos quedan en posesión del autor.
Tema: el erotismo. Subtema: Pasiones prohibidas.
Participación gratuita.
4) Extensión máxima de 1200 palabras, a doble espacio, fuente: Arial 12. Firmar con seudónimo.
5) Enviar solamente por e-mail a: karmasensual7@gmail.com . Presentar el texto en el cuerpo del mensaje, firmado con seudónimo y, en archivo adjunto de Word, detallar los datos personales: nombre y apellido, dirección, país de procedencia y de residencia, número de teléfono, dirección de correo electrónico alternativo, página web personal o weblog y breve curriculum literario (no más de 5 líneas; indispensable para integrar el libro en caso de ser seleccionado); agregando indefectiblemente una copia del Documento de Identidad.
Asunto obligatorio del e-mail: Concurso Karma sensual7 + nombre del relato. (por ejemplo, si mi relato se llamara “El vecino de al lado”, el asunto debe ser: Concurso Karma sensual7 “El vecino de al lado”
6) Premio:
- Publicación de una antología con los 12 mejores relatos por Ediciones Literarte de Graciela Pucci.
- Diploma.
- Participación opcional como Jurado Ambulativo del concurso “Karma Sensual8 2012” para los tres primeros clasificados.
7) Fecha límite de cierre del concurso y recepción de trabajos: 15 de septiembre de 2011.
8) Fecha para hacer público el fallo del jurado e informar personalmente a los ganadores: 30 de noviembre de 2011.
El resultado del concurso será publicado en las siguientes páginas web:
www.friulinelweb.it/crearparaleer
http://concursokarmase.bitacoras.com/ Los seleccionados serán notificados por e-mail.
9)Los textos no incluidos en la antología serán eliminados de nuestros archivos.
10) Condiciones para que se edite el libro: la editorial “Ediciones Literarte” se compromete a publicar el libro “Karma sensual: Pasiones prohibidas” si los autores integrantes del libro o todo aquel interesado en adquirirlo asegura la cantidad de libros que cada uno comprará; de esta forma, cubiertos los gastos de edición, se publicará el libro anual de Karma sensual 2011. Hacer y confirmar los pedidos directamente a la editora Graciela Pucci a la siguiente dirección de e-mail: gdpucci06@gmail.com
11)Será competencia de cada autor integrante de la antología el hecho de organizar, si es su deseo, armar y llevar a cabo la presentación del libro donde, cuando y como quiera.
12) El libro será publicado en febrero de 2012, luego de las correcciones pertinentes al caso y con la autorización de los autores seleccionados.
Madrina: Sonia Aldama(España)
Organizadora general: Marta Roldan (Italia)
Jurado Estable: Israel Benavidez (Alemania), Pilar Pedraza (Bolivia), Graciela Pucci (Argentina).
Jurado Ambulativo (cambiará cada año): Carolina Pastor Jordá – España; Marina López Martínez – España; Enrique Luque de Gregorio – España.
Pueden obtener datos sobre los integrantes del Jurado Estable:
De Marta Roldan: www.friulinelweb.it/crearparaleer
Noticias literarias: http://noticiasliterarias.bitacoras.com
De Israel Benavidez: http://eltrotamundos.blogspot.com
De Graciela Pucci: http://librocuartodeespejos.blogspot.com
REVISTA LITERARTE: www.revistaliterartedigital.blogspot.com
EDICIONES LITERARTE: www.edicionesliterarte.blogspot.com
Los tres primeros seleccionados de cada año participarán como Jurado Ambulativo del año siguiente, por lo cual, este Jurado Ambulativo cambiará en cada edición del concurso.
14) Los autores ganadores, ya por el hecho de participar en el concurso, ceden el derecho de publicar su obra, en caso de resultar seleccionada, en el libro “Karma sensual: Pasiones prohibidas” sin requerir remuneración alguna por tal publicación. De todas maneras los derechos quedan siempre en posesión del autor, indiscutiblemente.
15)La participación en este concurso presupone la aceptación de sus bases. Seguramente habrá cosas que no he dejado en claro, pueden comunicarse conmigo ante cualquier duda, especificando el asunto, a: roldan.marta@gmail.com
Sitio: www.friulinelweb.it/crearparaleer
E-mail: fama@friulinelweb.it
Noticias literarias: http://noticiasliterarias.bitacoras.com
Información sobre el Jurado Ambulativo:
Carolina Pastor Jordá – España: Hace unos tres años participó en “El Reto”, un concurso que se realiza sin periodicidad fija en el foro de Asshai.com, y a partir de ahí se centró en escribir relatos de fantasía no épica y terror, así como otros de temática realista.
Ha publicado un relato en la web www.tauradk.com
Marina López Martínez – España: Profesora de lengua y literatura francesas en la Universidad Jaume I de Castellón. Su principal línea de investigación es la escritura contemporánea en femenino y principalmente la novela negra escrita por mujeres francófonas como recoge su tesis Le polar au féminin. Tiene varias publicaciones académicas como por ejemplo: (2010) “Representación insolente de La justicia en La novela negra femenina” en Ficción criminal “Justicia y Castigo”/ “Law & Punishment in Crime Fiction”. Ed. Universidad de León.
Enrique Luque de Gregorio: Redactor de la página web Ociojoven.com y Ojgames.com.Colaborador de la revista Cibergamers. Redactor de la página web Mundogamers.com. Colaborador de la revista Nintendo Acción.Colaborador de la revista Guías y Trucos de Hobby Consolas.Colaborador en la revista literaria Biblioteca Fosca. Redactor de la revista Teammanía. Redactor jefe de la revista Gamers Magazine.
Colaborador en las revistas FNAC Gamers y Save the Gam
miércoles, 12 de agosto de 2009
Las Confesiones de Ninetta

¡Espero que os guste! Besos,
Alice Carroll
domingo, 2 de agosto de 2009
Mi hermosa lavandería
Pero no fue fácil en los primeros momentos. Encontrar trabajo resultó una ardua tarea, buscar un sitio donde vivir tampoco y adaptarme a la diferente forma de ser y actuar de los ingleses tampoco. Todo era distinto a lo que había vivido antes, además de la dificultad añadida de no tener a nadie al que contar las penas para poder desahogarme.
Lo cierto es que lentamente todo fue encajando en el puzzle: encontré trabajo en una hamburguesería, que no es que fuese el trabajo de mi vida, pero me daba margen suficiente para tener dinero para vivir y plantearme buscar otro trabajo como profesora de español, que era de lo que yo pretendía ejercer. También encontré, a través de un compañero de trabajo, un pequeño estudio que bien podía haber sido en otra vida una caja de zapatos de segunda mano, dado su reducido tamaño y el olor a sucio de la moqueta ennegrecida que había en el suelo y que fui incapaz de quitar, ni siquiera suplicando a la dueña e intentar convencerla a través de un estudio sobre ácaros, moquetas y alfombras que había encontrado en Internet.
Aquella mini morada se componía de lo imprescindible para poder vivir sin más alharacas: una zona de salón-comedor-dormitorio donde se ubicaba una cama de 80 que hacía las veces de sofá y asiento cuando comía, la zona propiamente de la cocina que tan sólo la separaba del salón una estrecha barra que hacía también de aparador, una estantería, un armario diminuto al que jamás pude ver ordenado dada la diferencia entre lo que podía contener y lo que yo quería que contuviera, una mesa baja con la que más de un día me tropecé y un pequeño aseo independiente al que habían tenido el detalle de ponerle una ducha que seguramente la habían robado de una clínica para anoréxicas que jamás se hubieran mirado en el roñoso espejo que había en el baño dado que distaba mucho de irradiar felicidad ajena.
Pero en mi pequeño espacio para vivir faltaba algo que jamás hubiera pensado que se obviaría en ningún hogar, y era una lavadora. Fue al buscar piso cuando me di cuenta de ese pequeño detalle: prácticamente en todos los lugares que visitaba brillaba por su ausencia. Al principio rechacé todas las ofertas de alquiler que no dispusieran de aquel útil complemento, pero tras desesperarme completamente por lo que iban viendo mis ojos, me rendí y decidí que, dada la abundancia de lavanderías que había en las calles de Londres, alquilaría un piso algo más decente y llevaría mi ropa a lavar a un sitio público, igual que mi bisabuela había lavado su ropa al lado del río cuando vivía en el pueblo.
El pequeño estudio que había alquilado se encontraba en una de las zonas de Londres que eran territorio de los “paquis”, habían pasado ya años desde que los primeros poblaran Londres y lo que allí había era ya una segunda e incluso una tercera generación de los mismos. Siempre me atrajeron los hombres de rostro algo oscuro, mas no negro, y los hindúes y paquis que pasaban a mi lado por las calles de Londres me provocaban un revuelo de emociones en todo mi ser. No me importaba su pequeño tamaño, eran sus ojos de mirada profunda, su cara redondeada y su piel morena los que me revolvían.
Mi trabajo terminaba cada día a las 12 de la noche, pero era difícil que jamás saliera antes de la una de madrugada, todo tenía que estar pulcramente recogido y ordenado para la mañana siguiente y nadie podía escaparse hasta que la jefa no nos diera su bendición. Al salir, me encontraba extenuada y el simple aroma a carne, independientemente del animal de que se tratara, me provocaba más de un vómito que tenía que aplacar con unas inspiraciones profundas intentando relajarme. Evidentemente no tardé ni dos meses en cambiar mi dieta carnívora de toda la vida por una dieta vegetariana ausente de todo recuerdo del lugar donde trabajaba.
Al llegar a mi casa y hacer una liviana cena apenas me quedaba tiempo siquiera para pensar en mí misma. Poco le podía dedicar a la limpieza de mi hogar pero se hacía inexcusable llevar una vez por semana la ropa a la lavandería de la calle donde yo vivía así que cogía una bolsa grande de basura negra, metía todo lo que debía lavarse y con el hatillo al hombro salía a la calle de madrugada. A pesar de los horarios de los habitantes de la city, la ciudad tenía vida, aunque fuera más sútil. El hecho de que la lavandería estuviera abierta a esas horas era prueba evidente de ello.
Cuando llegaba, me embargaba la soledad de las máquinas esperando ser utilizadas. Solía ponerme siempre en la que había al fondo, justo al lado del banco que utilizaba para esperar que el proceso de lavado y secado finalizara.
Pero no tardé en disfrutar de compañía al cambiar mi día de visita y coincidir con un hombre atizonado de mirada penetrante y pelo sombrío. Ni siquiera saludó al entrar y verme ya sentada en mi banco de siempre con un libro en la mano. Depositó sus prendas en una lavadora cercana a la mía y sin más, se sentó a mi lado a esperar. Estando acostumbrada a vivir en una tierra sociable donde la gente no sólo se saludaba sino que además, hasta conversaba aunque fuera de temas banales, me sentía algo incómoda con la escena de mutismo absoluto a pesar de la corta distancia que nos separaba.
Lo cierto es que me resultaba atractivo, mucho, pero era en esos casos cuando mis feronomas bloqueaban completamente mi cerebro y a pesar de mis ganas de hablar, permanecí en completo silencio como él hasta que mi lavadora finalizó, recogí mi ropa y salí del lugar con un tímido “bye”.
Mi encuentro fue suficiente para que mi poderosa imaginación elucubrara mil encuentros con él, cómo empezaríamos a conversar, la primera cita en un café y los besos posteriores. Era fácil, sólo era cuestión de trasvasar la barrera que le imponía el mundo virtual para hacerlo real.
Pero nada de eso sucedió. Ni en el segundo encuentro, ni en el tercero. Seguíamos siendo dos completos desconocidos a pesar de conocer al dedillo la ropa interior que cada uno usaba.
Fue en una noche excepcional de cielo estrellado cuando todo cambió. Cuando llegué, ya estaba sentado esperando en el banco. Me dirigí a mi lavadora y fui metiendo toda mi ropa poco a poco. A pesar del ruido de su lavadora funcionando oí su respiración tan cerca de mí, que no pude sino volverme. Y ahí estaba él, el hombre sin nombre, a menos de veinte centímetros de distancia de mí. Por un instante sentí miedo y me imaginé que realmente era un ladrón de lavanderías que acechaba a las trabajadoras de las hamburgueserías en un cuidado ritual de cuatro encuentros o un asesino en serie que esa noche tenía que cumplir con su necesidad de matar. Creo que toda mi vida pasó por delante hasta que sentí sus manos en su cadera y sus labios en mi cuello. Me estremecí pero aún fui capaz de dar al botón de “start” y que mi ropa comenzara su lavado. Ni me moví, ni siquiera volví la cabeza para preguntarle qué hacía. De sobra lo sabía, tanto, como que hasta lo había soñado en más de una ocasión en mi pequeño cuarto.
Aquel moreno de ojos penetrantes inspeccionó mi cuerpo hasta que fue encontrando sus rincones favoritos: rodeó mis pechos alertas con sus pequeñas manos y las bajó por mi blusa hasta llegar a mi falda. Mi corta falda entre sus manos parecía ser incluso más escasa, pues no tardó en adivinar por su tacto el aspecto de mi sexo. Sentía sus dedos bajó mis bragas y comencé a gemir con algo de timidez. La distancia que nos separaba había desaparecido y podía sentir su miembro erecto frotándose entre mis nalgas. En un instante sentí su calor, mi compañero de lavandería me había bajado mis bragas hasta la rodilla, había subido mi falda por detrás y ahora palpaba a sus anchas los melocotones que se le ponían tan a la vista. Sus caricias me enloquecían de placer, y más cuando sentí que deslizaba su mano desde atrás hacia delante, acariciando toda mi intimidad, ahora a la vista.
Me empujó suavemente contra mi lavadora y aclimató su miembro al calor de mi sexo, penetrándome firmemente hasta que me sentí completamente llena. Aquel moreno comenzó un ritmo de empujes constantes, quizás muy parecidos al que marcaba el electrodoméstico, mientras yo, inclinada levemente sobre la lavadora, sentía en toda su plenitud ambas cadencias. Me gustaba sentir bajo mi cuerpo aquellas vibraciones que emitía la lavadora, aumentaban el placer que me proporcionaba mi amigo nocturno.
A medida que me embestía, yo dejaba caer mi cuerpo sobre la lavadora, hasta sentir mis pechos sobre ella. Era entonces cuando él me ayudaba a levantarme para poder amasar mis pechos con sus manos. Lo cierto es que mi amigo se tomaba el ataque con calma, quizás quería degustar todo lo que en otros encuentros no habíamos hecho. Nada nos preocupaba que entrara alguien y pudiera vernos. ¿Quién se acuerda de esos pequeños detalles cuando se ha ascendido al Paraíso por unos instantes? Mi compañero sin nombre agarró mis nalgas cual jinete y aceleró sus embestidas mientras yo, apenas recordaba si ya había disfrutado de dos o tres orgasmos. Quizás fueron cuatro. Su montura estaba a su disposición para seguir cuanto quisiera.
En esos momentos, mi lavadora había iniciado su proceso de centrifugado y mi amigo, contagiado por el frenético ritmo que le imponían, se dejó llevar hasta que un leve gemido y su calor invadiendo mis entrañas, me anunció que había terminado. También mi ropa estaba lista para ser sacada de allí. Mi compañero en un curioso gesto con su dedo haciéndome una especie de garabatos en mi espalda se apartó de mí y como si nada hubiera pasado, se fue hasta su lavadora a recoger la ropa que hacía unos minutos había finalizado.
Me recompuse mis prendas y metí en la bolsa toda la ropa lavada y ya seca aunque arrugada. Me volví para verle pero sorprendentemente se había marchado. Se había ido sin decirme siquiera adiós.
Caminé a mi casa pensando en lo raros que eran los insulares, pero con una sensación de bienestar que hacía mucho no tenía. Esa noche dormiría de un tirón a pesar de los ruidos que a veces tenían las cañerías de mi hogar, si se le podía llamar así al lugar donde habitaba.
Al llegar a mi casa me desvestí para entrar en la ducha y al mirarme en el espejo pude ver que en mi espalda había escrito a rotulador dos palabras en inglés “See you”. Estaba claro que no sería la última vez que aquel desconocido y yo lavaríamos juntos la ropa…















