miércoles, 19 de septiembre de 2007

Mi querido amante


Mi querido amante,
Ayer, despertaste la caja de los truenos, abriste la caja de Pandora y ya no es posible cerrarla. Tú tienes la culpa.

Mi sexo acude a la llamada de tus deseos como un resorte, parece haber sellado una alianza contigo a expensas de mi razón, ya no lo controlo, no obedece mis órdenes, campa por libre en un mar de lascivia. Siento que empieza a dominar al resto de mi cuerpo y que éste se rinde a cada una de tus llamadas. ¿Acaso en el instante en que yo me sentía desmayar tras el desenfreno de orgasmos que me provocaste organizaste un conjuro sobre mi cuerpo? Porque siento que ya no es mío, ya no me pertenece. Toco mi piel, pero responde con desidia a mis caricias, lamo mis labios, que se revelan aburridos por mi saliva, aprieto mis muslos y los músculos parecen agarrotados y dormidos. Mi cuerpo se ha puesto en huelga, se manifiesta ante mí, se rebela y lucha por la ineludible necesidad que tiene de ti. Tú lo has provocado, tú has conseguido perturbar el normal funcionamiento de mis hormonas, ahora tienes que atenerte a las consecuencias...

He dejado que mi sexo comunique sus pretensiones, ha perdido el juicio, se niega a que yo le dé ningún tipo de explicaciones. Quiere sentir tu sexo a diario, no quiere que el perfume que tu piel desprende desaparezca por largo tiempo, quiere sentirse agotado, exhausto de forma reiterada por tus embestidas, empapado por tu semen, palpitante de placer.

No puedo decir más, será mi cuerpo el que a partir de ahora hable por mí, ha amordazado mi parte racional y es la parte salvaje y pasional la que rige mi destino...