miércoles, 19 de septiembre de 2007

El pasaporte caducado

Natalie. Desnudo2. Ilustración: Rafael Robas


40 grados a la sombra. La gente caminaba cansina por las calles y Alicia de pie, se abanicaba con una revista para aliviarse del suplicio por el que estaba pasando. A dos días de marcharse de viaje, se había dado cuenta de que su pasaporte estaba caducado y la cola de personas que había delante de ella superaba la centena. Eran aún las 5 menos cuarto y las puertas de la Oficina de la Policía permanecían cerradas. Alicia intentaba tranquilizarse, odiaba esperar y más hacer colas infinitas, pero ésta no tendría más remedio que aguantarla si quería salir de vacaciones. El ambiente de la gente que había en la cola esperando estaba enrarecido, personas desconocidas hasta ese momento forjaban una temporal amistad en esos momentos de suplicio, el tema de sus conversaciones era único, las voces de vez en cuando subían de tono y las críticas al sistema de renovación de los documentos oficiales estaban aderezadas de numerosos insultos. Alicia pensaba en lo fácil que sería pedir cita por teléfono o Internet para la renovación del dichoso documento.

El sol caía completamente vertical sobre su cabeza, era algo insoportable. Miró hacia atrás y contempló con resignación que no era la última, que tras ella ya se habían colocado unas 30 personas más. Sus ojos se posaron de repente sobre un hombre moreno, alto y con aire desgarbado que estaba justo detrás de ella y que le resultaba familiar... tan familiar como que Alicia reconoció en él a Lucas, un amigo de la Universidad al que le prestaba sus apuntes y con el que se había acostado en una fiesta loca de fin de curso, cuando Alicia tenía en la sangre más alcohol que plaquetas.
Lucas, al sentirse mirado, se fijó en la mujer que tenía delante y tras unos segundos de incertidumbre, sus dudas se disiparon.
-¡Alicia! ¡Cuánto tiempo!
-Lucas, ¿qué tal? –Lucas besó en la mejilla a Alicia.
-¿Qué ha sido de tu vida? ¿Trabajas en la ciudad? ¿Te has casado? ¿Tienes hijos?
-Ja ja ja, pareces de la policía con tanta pregunta.

Por fin dieron las 5 y las puertas se abrieron. Alicia y Lucas hablaban sin parar, contándose lo que habían hecho durante los 8 años que habían pasado desde la última vez que se vieron. Lucas seguía soltero, rompió con su novia de siempre y nunca trabajó en la empresa de su padre. Trabajaba de profesor de historia en la Universidad y compaginaba este trabajo con su mayor pasión, que era la escritura.

La cola, a pesar de su lentitud, avanzaba poco a poco y gracias a la compañía, el calor no parecía tan excesivo.

Alicia estaba ya a dos personas de entrar a las oficinas, cuando un funcionario, con cara de cansado y malos humos le dijo que ya no se daban más números y que el resto de la fila podía irse a su casa y volver otro día. Alicia protestó inútilmente y la noticia fue pasando de uno a otro como si de fichas de un dominó se tratara, hasta que toda la gente comenzó a alzar sus voces por la tomadura de pelo. La espera y el calor hicieron que los ánimos de la gente provocaran una especie de motín y tuvieron que salir dos policías para dispersar al humorado gentío.

Lucas cogió a Alicia del brazo-
-No merece la pena ponerse de mal humor. Vámonos de aquí. Mañana venimos una hora antes y con sombrilla.
-Es que no me lo puedo creer, de verdad, ¡menuda pérdida de tiempo!
-¿Te apetece venir a mi casa y tomamos algo? Vivo muy cerca.
-Venga, de acuerdo, y me enseñas tus libros.

Lucas vivía en un ático abuhardillado lleno de estanterías rebosantes de libros. Un sofá rojo y dos butacas de color crema se disponían en torno a una mesa de centro de color naranja. Alicia se sentó en el sofá y Lucas puso una música suave, encendiendo de inmediato el ventilador de aspas metalizado ubicado en el techo, justo encima del sofá.
-¡Qué gozada de ventilador! –Alicia cerró los ojos, extendió sus piernas y dejó que el aire acabara con su sofoco.
-¿Te apetece beber algo?
-Me apetece beber cualquier cosa con tal de que esté fría...

Lucas se dirigió a la cocina y Alicia se levantó del sofá y comenzó a curiosear los libros de su amigo, más que una casa parecía una biblioteca. Fotos de paisajes y un gran óleo abstracto firmado por él dispuesto en uno de los pocos huecos que había sin libros en la pared, completaban la decoración.

Lucas apareció con los cafés y ambos se sentaron en el sofá. La música suave y el ambiente agradable relajaron a los dos amigos, que siguieron con la conversación, las risas y las confesiones hasta que se hizo de noche. Lucas encendió dos velas y las colocó en la mesa, prendió una barra de incienso y al volver a sentarse al lado de Alicia, la besó suavemente, tan sólo un breve contacto con sus labios, suficiente para que Alicia, sintiera escalofríos en todo su cuerpo. Alicia recorrió con sus yemas los largos brazos de Lucas y reconoció su piel a pesar del tiempo trascurrido. Era como volver a ver de nuevo una vieja película olvidada en un cajón. Alicia y Lucas juguetearon con sus labios. Lucas comenzó a bajar la cremallera lateral del vestido de Alicia, bajó los tirantes con sus dedos y besó su cuello con ternura mientras descubría sus pechos. Alicia no se quedó atrás y subió su camiseta. Prenda a prenda, fueron desnudándose con parsimonia, disfrutando de la leve brisa que empezaba a entrar por la ventana, haciendo que las finas cortinas anaranjadas se movieran caprichosas. Lucas bebió un trago de limoncello helado y la besó, dejando que ella también disfrutara con el sabor. Acercó el vaso frío y húmedo a los pechos de Alicia, haciendo que sus pezones reaccionaran al instante. Volvió a beber y dejó que cayeran sobre el ombligo de Alicia, gotas ya entibiadas por su paladar. Tras inundarlo, cada gota inició un camino diferente y Alicia, sentía el cosquilleo del líquido resbalando por su abdomen hasta que Lucas hizo desaparecer el sabor a limón de su piel con la lengua. La música ya había cesado y sólo se oía el ruido de las aspas del ventilador sobre ellos. El vaso quedó vacío, tan sólo unos hielos permanecían en él. Lucas cogió uno de ellos, el más grande, y refrescó con él los labios de Alicia, lo hizo resbalar por sus pechos y de forma juguetona, lo hizo rodar por su pubis, erosionándolo en su sexo hasta que murió. Alicia se estremecía con el frío, pero notaba una extraña sensación de placer por la mezcla de temperaturas. El calor de su cuerpo parecía haber desaparecido y su sexo, a pesar del hielo, estaba más caliente y vivo que nunca.

Lucas depositó el vaso sobre la mesa y Alicia se incorporó, cogió otro cubito, lo introdujo en su boca y la acercó hasta su pene, haciendo que sus labios fríos rozaran el glande, metiéndose el miembro en la boca y dejando que Lucas disfrutara también del juego de grados. Lengua y hielo, juguetearon en su boca junto con el pene erguido e hinchado, hasta que por fin, él único líquido que impregnaba su miembro era la saliva de Alicia, resbalando por el tronco hasta sus huevos. Alicia se sentó sobre Lucas y éste no dudo en tardar medio segundo en penetrarla, sus movimientos parecían seguir el ritmo uniforme que imprimían las aspas del ventilador.

El incienso se había convertido en cenizas, las velas estaban a punto de apagarse y comenzaba a descender la temperatura de la calle. Alicia sentía el sudor sobre su piel mientras cabalgaba sobre Lucas hasta que, una oleada de espasmos, fluyo de su sexo y recorrió su cuerpo sintiendo tan sólo un instante después el cálido semen que inundaba sus entrañas.

Alicia y Lucas, siguieron disfrutando de la noche hasta el amanecer, yendo juntos a la mañana siguiente de nuevo a comisaría para renovar el dichoso pasaporte...