
La tortura de sentirlos en mi sexo es inenarrable, no tengo adjetivos para definirla, todos quedarían ridículos y absurdos, no expresarían con claridad la explosión de sensaciones placenteras que siente mi cuerpo en ese momento. En ese instante, tus labios al beber de mi sexo actúan como si de una onda expansiva se tratara, toda la piel de mi cuerpo siente lo que mi sexo experimenta en ese momento: abandono, deseo, rayo el éxtasis, siento el cielo a mi alcance, el tiempo no pasa, el mundo ha desaparecido, los problemas se han esfumado. Sólo hay una realidad para mí, tú sobre mí y el goce infinito que me proporcionan tus labios en mi vulva.
Los rozo con los míos, los saboreo, saben a ti y a mí, a la mezcla de los dos, a mi sexo, a mi lengua, que los toca inquieta. Los muerdo, estiro uno de ellos, lo absorbo con los míos. Me gusta su grosor, son unos labios potentes, carnosos. Puedo recrearme horas viéndolos, degustándolos, haciéndolos míos por unos instantes.
Chupo mis labios con la lengua, están secos en este instante, necesitan la humedad de los tuyos, requieren de su contacto para estar más vivos. Cierro los ojos e intento sentirlos sobre mi cuello, sobre mi piel, sobre mi sexo, pero no puedo seguir escribiendo, me excito sin remedio al pensar que de nuevo volverán a posarse sobre mí...
1 comentario:
tus labios son tan dulses y ermosas. ummmm
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