martes, 18 de septiembre de 2007

La encuestadora


Alice había terminado su carrera de derecho brillantemente: su nota media era alta y había aprobado todas las asignaturas en junio. Jamás pensó que fuera a tener dificultades para conseguir un buen trabajo. Empezó a echar curriculums, a apuntarse en las páginas de búsqueda de empleo a través de Internet y a hacer cursos de idiomas y masters para mejorar su expediente. Pero la realidad era dura, la competencia difícil y la búsqueda de empleo resultó ser una tarea frustrante. En todos los sitios le daban la espalda, no tenía experiencia, sus conocimientos de idiomas eran escasos y las entrevistas de trabajo comenzaron a dejarle un mal sabor de boca.

Empezó a perder la ilusión, a desesperarse y se dedicó a buscar trabajos más mediocres. Miraba las ofertas de trabajo en los periódicos y aceptaba casi todo. Desde comercial hasta encuestadora, todo ello muy mal remunerado. Justamente fue el trabajo que consiguió, un trabajo de encuestadora a domicilio para una agencia que se dedicaba a realizar estadísticas por encargo. Parecía un trabajo cómodo: cada mes, la agencia le daría la encuesta a realizar y el sector de la población al cual se debería dirigir para realizarla. Lo peor era el tener que ir casa por casa, rogando a la gente que le prestara unos minutos de atención. Pero no se amilanó por las dificultades y lo aceptó.

Las primeras encuestas versaron sobre hábitos alimentarios y de higiene personal. El sector de la población escogido era el femenino, sin ocupación estable y que solía ocuparse de la casa, siendo la encargada habitual de realizar de forma rutinaria las compras del hogar. Posteriormente realizó otras encuestas sobre libros, ocio, salud…

Alice no solía tener dificultades en entablar conversación con el encuestado. Pocas veces le solían dar con la puerta en las narices, su rostro aniñado de grandes ojos azules y su voz dulce hacían que apenas nadie se resistiera a concederle una parte de su tiempo.

Llegó el mes de marzo y su jefe directo le comentó la encuesta del mes. Esta vez, era una franquicia alemana de productos eróticos, que deseaba establecerse en España a nivel nacional y quería un estudio detallado de comportamientos y hábitos sexuales. En principio iba dirigido al público masculino, hombres entre 25 y 50 años. Alice cogió el dossier y leyó las preguntas: eran realmente muy íntimas. Alice pensó que esta vez sí que la mandarían a la porra. En esta ocasión, la encuesta tenía una peculiaridad: Alice tenía que llevar un maletín lleno de productos eróticos para ir mostrando al personal entrevistado y hacerles ciertas preguntas sobre ellos. El número de entrevistados era de 100 y esta vez tenía nombres y apellidos de todos ellos.

Esa noche se dedicó a ojear en las páginas de Internet ofertas de trabajo. Ella se merecía algo mejor que un trabajo cutre y mal pagado en el que encima tenía que ir enseñando consoladores y cosas parecidas. Encontró dos ofertas interesantes y mandó su currículum por correo electrónico.

A la mañana siguiente empezó con sus encuestas. Lo cierto es que los hombres a los que visitaba contestaban amablemente y no le ponían muchas pegas para responder todas las cuestiones. Seguramente muchos le estaban mintiendo, sobre todo a la hora de responder a su pregunta sobre la frecuencia de sus relaciones sexuales. Pero Alice empezó a notar algo curioso: en casi todas sus entrevistas, sentía como sus bragas se humedecían en cada pregunta que realizaba, en cada respuesta que le daban... Al coger los consoladores y preguntar sobre si regalarían alguna vez dicho producto a su pareja, notaba cómo su clítoris se hinchaba y sus pezones se ponían duros. Las preguntas no tenían desperdicio, y las respuestas que le estaban dando tampoco. Pensó que después de tantas encuestas se acostumbraría, pero no fue así. La excitación que empezaba a sentir por hablar y preguntar sobre sexo era cada vez mayor. Sentía enormes deseos de que alguno de los encuestados le arrancara la ropa salvajemente y la follara sin más.

Lo cierto es que últimamente la vida sexual de Alice era prácticamente nula. No tenía pareja desde hacía dos años y las masturbaciones se reiteraban día tras día. Sabía que era una locura lo que estaba sintiendo, que estaba trastornada, pero no lo podía remediar. Empezó a ir con ropa más que provocativa a sus entrevistas. Sus minifaldas eran de vértigo, sus escotes, provocadores y el rojo intenso de sus labios, una puerta abierta a la lujuria.

Empezó a observar que los encuestados respondían a sus encantos con una respiración entrecortada. Advirtió bultos sospechosos en la entrepierna, pero de momento, nadie se había atrevido siquiera a hacerle una mera insinuación. La gente era correcta y Alicia se marchaba de allí húmeda y decepcionada por el fracaso.

Decidió que tendría que ser más provocadora, así que se presentaba a las entrevistas sin ropa interior, hacía lo posible por que se le cayera alguna cosa al suelo y así mostrar al entrevistado su culo y su sexo depilado. Sus labios mayores asomaban entre sus piernas incitando a ser abiertos y penetrados.

Esa mañana tenía dos entrevistas en el mismo barrio. El entrevistado era un tal Malcom, de 40 años, divorciado hacía tiempo. En el dossier no ponía nada más. Llamó al timbre y Malcom abrió la puerta. A Alice le llamó la atención desde el primer instante. Su mirada sexual, sus labios carnosos dignos de ser mordidos y chupados, su cuerpo musculoso… Empezó a notar un cosquilleo en su interior. Malcom la miró de arriba a abajo sin cortarse lo más mínimo y la invitó a pasar y a sentarse en el sofá. Alice habitualmente solía mostrarse segura en sus entrevistas, era ella la que dominaba en todo momento la situación. Pero esta vez no era así. Malcom era sumamente atractivo y fuerte, y Alice titubeaba en sus palabras. A pesar de ello, iba lanzando las preguntas a Malcom:
-¿Con cuantas mujeres has tenido relaciones sexuales en tu vida?
-Con más de 15 y menos de 20.
-¿Con que frecuencia haces el amor con tu pareja?
-A diario.
-¿Te masturbas a menudo?
-Siempre que puedo.
-¿Practicas sexo oral?
-Por supuesto
-¿Y anal?
-Siempre que sea yo el que dé por culo, si.
-¿Ves videos porno?
-¿Quieres que te enseñe mi colección de películas eróticas? Ya te acabo de responder.
-¿Te excita ver cómo se masturba tu pareja?
-Me encanta.
-¿Usáis consoladores, bolas chinas y artilugios parecidos en vuestra relación?
-Usamos de todo.
-¿Has hecho el amor con una desconocida alguna vez?
-Varias veces.

El cuestionario era largo, pero a Alice le estaba resultando muy corto. Notaba como Malcom se pegaba a ella, sentirle tan cerca le ponía los pelos de punta. La miraba con deseo, y su excitación aumentaba cada minuto. Sus preguntas, eran casi susurros, y Malcom contestaba de forma similar. Empezaba a sentir un hormigueo entre sus piernas, cierta humedad en su sexo y una hinchazón de su clítoris que no podía controlar ya... Las preguntas se terminaban, pero el juego tenía que seguir, continuar hasta el final, Alice deseaba a ese hombre y quería seguir provocándole, así que empezó a hacer sus propias preguntas:
-¿Te excita que una desconocida venga a tu casa a preguntarte sobre sexo?
-Mucho, me estoy poniendo a cien contigo.
La respuesta no podía ser mejor, así que continuó.
-¿Llegan a tu mente pensamientos o fantasías en este momento?
-De todo tipo... te lo aseguro.
-¿Podrías ser más explícito?

Malcom cogió uno de los consoladores que Alice le había mostrado, el de mayor tamaño.
-¿Ves esto? Me imagino como lo coges, lo lames, te abres de piernas y te lo metes por tu coño, húmedo de deseo. Veo tu cara de vicio, mirándome de forma lujuriosa e hincando el consolador, desabrochándote tu blusa y subiendo tu falda para que pueda contemplar tu sexo. Me imagino tus gritos, tus movimientos frenéticos y veo como te masturbas hasta el paroxismo, hasta que caigas rendida en mi sofá. Me imagino como te cojo, te pongo sobre esa mesa y te empotro mi polla, que ya está dura, hinchada y ansiosa por follarte. Me imagino cómo gimes mientras rozo tu clítoris inflamado.

-También veo como chupas mi polla, como la lames, extiendes tu cálida saliva por toda ella y te la comes entera. Me imagino mi verga completamente absorbida por tu boca, y siento tu lengua deslizándose por mi vena de arriba a abajo. Siento tus labios chupando mis huevos mientras yo introduzco mi lengua en tu sexo, lamo tus labios vaginales y mordisqueo tu clítoris hasta que no puedas más y revientes de placer. Te clavo mi lengua y te corres en mi boca, mientras sigues chupándome la polla hasta que te duela la boca.

-Después te arrastro hasta el suelo y penetro tu culo, lubricándolo con mi polla, que está rezumante de tu flujo, mientras tú te metes ese consolador por tu sexo, ese que me está diciendo "fóllame ahora mismo", así probarías por ti misma los productos que traes. Me imagino como se abre tu culo para mí, como te introduzco la polla por detrás, poco a poco, para después, una vez inundado tu culo, pegarte frenéticas embestidas hasta que grites de placer, porque te correrás mientras te sodomizo, te lo aseguro...Te imagino de rodillas, en el suelo, con el consolador en la mano metiéndotelo con saña entre tus piernas, mientras yo te empujo una y otra vez hasta que ya no puedo más y exploto en un orgasmo bestial que te llena de semen. Me imagino como sales de aquí, sudorosa, con tu blusa arrugada, veo como empieza a salir el líquido lechoso de tu culo cuando bajas las escaleras de mi casa.
-¿He sido lo suficientemente explícito?


Alice no dijo nada. Sólo cogió el enorme consolador de tamaño gigante, miró a Malcom de forma lasciva, mientras el juguete iba desapareciendo entre sus piernas...