martes, 18 de septiembre de 2007

Clases de excel


Alice llegaba tarde a clase. El aparcamiento en esa zona lindante con el centro era una odisea y tuvo que correr para llegar a tiempo a su primera clase de Excel Avanzado a la que se había apuntado a través de su trabajo. Tras confundirse de puerta, por fin encontró su aula, todo el mundo estaba ya sentado y el profesor empezaba a poner en una pizarra blanca las primeras instrucciones a ejecutar. Alice saludó acelerada y se sentó en la primera fila, dado que el resto de ordenadores estaban ya ocupados. Encendió su ordenador de forma apresurada mientras se quitaba el abrigo, y comprobó que era la única que se había sentado delante. Algo típico en las clases de informática, donde la gente se pasaba la mitad del tiempo escuchando al profesor y la otra mitad navegando por Internet.

Abrió una nueva hoja de Excel para ejecutar los ejercicios y levantó su mirada hacia el profesor. No podía creer lo que contemplaban sus ojos. Alice de repente se vio transportada al pasado, a su niñez, cuando jugaba con un chico llamado Malcom a médicos y enfermeras. ¿Es posible que fuera él? Había pasado tanto tiempo… Miró el programa del curso y buscó desesperadamente el nombre del profesor, pero no lo encontró. Recordó sus juegos infantiles, cuando él le enseñaba su diminuto pene y ella se subía las faldas para enseñarle mundos desconocidos a Malcom, que era el mayor de cuatro hermanos. Se ruborizó al recordarlo. Miraba al profesor y tenía la impresión de que él también parecía recordarla, como cuando se intenta recordar la letra de una canción cuya melodía se tararea de memoria y las palabras no fluyen al mismo ritmo.

Alice disimulaba escuchar al profesor, pero realmente estaba muy lejos de allí, intentaba refrescar su memoria de tiempos pretéritos. Le venían a la luz imágenes sueltas; de ella, contemplando anonadada cómo meaba Malcom de pie en la taza del water, de cómo Malcom y ella se estrenaron en los besos, completamente inocentes y cándidos, a pesar de la sensación posterior de pecado que había tenido Alice hasta confesar su “crimen” al cura de su parroquia.

Pero Alice ya no era una niña cándida ni ingenua, habían pasado muchos años y se había convertido en una mujer que sabía lo que quería, que luchaba por lo que deseaba y que había desterrado aquella timidez del pasado para siempre.

La clase duró dos horas, pero a Alice se le pasaron enseguida. Se levantó para acercarse y preguntarle directamente si él era ese niño de la infancia que ella había conocido, pero dudó y al final cogió su abrigo y se marchó con la incertidumbre.

Cogió su coche y pensó que había sido una idiota por haberse quedado con la duda, pero tampoco le apetecía preguntarle delante de todo el mundo si era él el que le enseñaba el pito siendo niños. No, no lo iba a hacer así, eso denotaba muy poca imaginación. Malcom, siendo niño, estaba prácticamente todo el tiempo pensando en lo mismo. Su imaginación, aunque infantil, era desbordada y extremadamente calenturienta. Si había evolucionado en el mismo sentido, podría encontrarse con un hombre a tener en cuenta…

Al día siguiente, Alice se aplicó y llegó la primera. El profesor se encontraba hablando con otra profesora del centro, y Alice sonrió cuando la mujer se despidió con un “hasta luego, Malcom” Era él, no se había confundido. Pero seguramente él no tenía ni idea de quien era ella, había pasado mucho tiempo. Alice de pequeña tenía el pelo liso y rubio y ahora lo tenía rizado y más oscuro. Le iba a dar una sorpresa, seguro.

Alice se pasó toda la clase mirándole de forma sugerente, acariciando su cuello y chupando su bolígrafo de forma voluptuosa. Su posición en la primera fila evitaba que nadie más que él pudiera darse cuenta de sus movimientos. Malcom, parecía que a veces la miraba de soslayo, pero sólo era el principio de la fiesta que Alice le había preparado.

A la mañana siguiente, Alice volvió a llegar la primera a la clase. Se había vestido con una minifalda que poco dejaba a la imaginación, dado que al sentarse se le veía su sexo, completamente depilado y abierto al pecado. Tampoco llevaba sostén, quería que Malcom contemplara sus pezones trasparentándose bajo la blusa blanca y ajustada que se había puesto para la ocasión. El conjunto lo remató con unas botas altas y negras. Difícilmente pasaba desapercibida. Encendió su ordenador, y entreabrió sus piernas para dejar a Malcom a la vista el manjar que Alice le ofrecía para sus ojos. Disimulaba mirando la pantalla de su ordenador, pero veía como Malcom la observaba intentando mantener la calma. Ese era Malcom, con la libido por las nubes, como cuando era un mocoso.

Cuando ya se hubieron sentado todos los alumnos, Malcom comenzó su clase. Alice sonrió al notarle nervioso, se confundía, repetía lo que ya había dicho. Volvió Alice a chupar su bolígrafo y a mirarle fijamente. Él explicaba a todos sus alumnos en general, pero no podía dejar de mirarla cada dos por tres. Alice cogió su bolígrafo, chupado hasta la saciedad, y se lo introdujo en su sexo. Era simplemente una provocación, pero parecía que estaba resultando efectiva dado el grado de equivocaciones de Malcom al intentar explicar cada ejercicio. Sacó Alice el bolígrafo de su interior húmedo y de forma lasciva lo lamió, subiendo y bajando su lengua por él, cerrando los ojos imaginando otros placeres. Sus pechos luchaban por salir a la luz así que, Alice les liberó parcialmente, desabrochando el botón que los comprimía. El pecho de Alice se agitaba al ritmo de su respiración, cada vez más acelerada. Estaba convencida de que Malcom estaba excitado, dado que dejó de dar la clase de pie para darla sentado en su mesa, al abrigo de miradas indiscretas que pudieran comprobar su miembro henchido y abultado bajo los pantalones.

Alice siguió con sus juegos y esta vez, fue su mano izquierda la que hizo incursiones en su sexo, caliente, húmedo y ansioso por notar la presencia del miembro de Malcom. Alice estaba tan excitada, que hubiera podido correrse delante de él, pero se guardó para el final de la clase. Escribió Alice su nombre en la palma de la mano y de forma disimulada se lo mostró a Malcom. Él miró el nombre, y después la miró detenidamente, parecía no dar crédito. Después de unos segundos en los que se quedó sin habla, la sonrió. La gente fue saliendo poco a poco y ella remoloneó para quedarse a solas con él. Estaba claro que Malcom estaba haciendo lo mismo. Alice se levantó de su asiento y se acercó a su mesa, para, con voz insinuante, hacerle una pregunta:
-Señor profesor…He de confesarle que hoy estaba un poco distraída, creo que ha sido por culpa del frío que hacía en la clase.
-Bueno, tenemos un pequeño problema de calefacción, pero eso lo puedo solucionar personalmente. ¿Dónde nota usted el frío?
-Sobre todo aquí, entre las piernas. –Y sentada encima de la mesa de Malcom, abrió sus piernas para dejar a su merced sus íntimos secretos.
-Ahora empezará a notar usted calor de inmediato.

Malcom acercó su boca a la de Alice y suavemente la besó. Sus labios bajaron hasta su cuello, donde se explayaron largo tiempo mientras Alice descubría con el tacto de sus manos los músculos de sus brazos que se ocultaban bajo su camisa. Malcom hizo lo mismo con sus pechos. Desabrochó los botones de la blusa y los tomó con sus manos, los calentó, los amasó. Su boca conoció el sabor de sus pezones, los succionó, lamió sus aureolas provocando en Alice un avivamiento de su excitación.

Malcom bajó su cremallera del pantalón y dejó a la vista su miembro, erguido y orgulloso, agarró a Alice de la cadera y la penetró lentamente. Malcom, metía y sacaba su polla sin prisas, aprovechando las incursiones para rozar el clítoris de Alice, que gemía en cada movimiento. Los pechos liberados de Alice eran tentadores y Malcom volvió a sobarlos, a comprimirlos en sus manos, a unirlos. Malcom propinaba a Alice violentas embestidas para alternarlas con sus dulces entradas y Alice ya no podía aguantar más y se dejó ir. Malcom ofreció a Alice su miembro y ésta se agachó y se lo metió en su boca para saciar su apetito. Alice había ansiado tenerlo dentro desde que había empezado a chupar el bolígrafo. Escupió sobre ella para lubricarlo por completo, extendió su saliva con un movimiento de sube y baja de su mano y se lo metió en la boca tanto como pudo, estaba ávida de él. Sus labios disfrutaban con su vena azulada, la punta de la lengua se dedicaba a juguetear con su pene dando pequeños toques a su glande. Las entradas y salidas de su boca adquirieron un mayor ritmo. Malcom estaba a punto de estallar de placer. No podía más. Volvió a poseer a Alice. El ordenador pegaba pequeños saltos a cada sacudida, el movimiento de ambos se hizo más irregular, Alice gemía, y Malcom le agarraba del pelo hasta dejárselo tirante. De pronto, todo paró, las palpitaciones de placer de uno se mezclaron con las del otro. Se miraron y se recompusieron la ropa, el tiempo se les había echado encima y a punto de ser descubiertos, dado que apenas medio minuto más tarde, entraba otro alumno de la siguiente clase.
-Cuánto tiempo Alice, estás guapísima.
-Muchas gracias Malcom, tú también. Veo que no has cambiado nada. Prometo que mañana estaré más pendiente de tu clase.
-No hay problema. Si no atiendes en clase, te lo explicaré después.

Se dieron dos besos y Alice salió de allí, no sin antes guiñarle un ojo y hacer un juego de manos que era su contraseña cuando eran unos niños…