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martes, 12 de febrero de 2008

Mis sentidos


Lo sé, sé que la pasión domina mi cabeza, mis instintos a la razón. Envidio tu frialdad, tu capacidad para decidir sobre tus actos, el dominio que tienes sobre ti mismo. ¿Acaso no pide tu piel otra piel a su lado?

Pero mi piel no logra razonar, tampoco mi corazón y siento que mi cabeza ha perdido el rumbo. Me reclaman tus caricias, el roce de tus labios sobre mi dermis. Mi vello necesita volver a erizarse por tu cercana presencia, mi corazón quiere volver a latir descontrolado y mi sexo necesita ser aliviado con el calor de tu miembro.

El recuerdo de esas sensaciones es el que me domina, controla mi cuerpo, rige mi mente, hipnotiza mi corazón. Estoy poseída por tu olor, mis fosas nasales ya no quieren conocer otras fragancias, se hastían de otros aromas. Mi paladar no desea otro sabor distinto del tuyo, mi lengua se niega a extender su saliva por otros territorios. Mis oídos han convocado su propia huelga, sus pretensiones son claras y escuetas: necesitan captar las vibraciones que emiten tus cuerdas vocales, y mis ojos ya no son capaces de distinguir más formas que las que recuerdan de tu cuerpo, han caído en una ceguera cromática por tu falta.

Y muero sin tu presencia, aunque tú no lo veas. Mi piel no respira al no tenerte cerca, mis ojos no ven más que nubes a su alrededor, he enmudecido, no percibo más que el sonido del silencio y apenas siento el aire entrando en mis pulmones.

En ese momento lucho por sobrevivir. Cierro mis ojos y al fin veo luz alrededor, vuelvo a sentir tu olor, revivo al ver tu cuerpo, rozar tus labios, acariciar tu pelo. Vuelvo a oír esa voz que me desarma y de nuevo encuentro tus manos sobre mi piel. Es entonces cuando mi corazón late de nuevo, mi piel vuelve a vibrar y mis sentidos despiertan a la pasión que me provocas...



jueves, 6 de diciembre de 2007

La espera


Mi querido amante,

¡Qué lentas pasan las horas! Mi impaciencia me supera, me desborda y no me deja vivir en paz. Pronuncio tu nombre, Mario, dulcemente, recreándome en el movimiento de mis labios. Éstos se rozan levemente, sólo por unos instantes, para abrirse de inmediato y dejarte el camino despejado. Cierro los ojos y puedo sentir con toda intensidad el sabor de tu miembro en mi boca. Termina tu nombre con un beso, los labios se acercan levemente y siento tu piel. Rozo con ellos cada centímetro de ti, sin prisas, memorizando tu cuerpo. La punta de mi lengua hace el resto, hasta que apenas me queda saliva para recorrerte por entero.

Miro el reloj y sé que queda poco para tenerte de nuevo entre mis brazos, pero aún es demasiado tiempo para mí. Sé que debo tener paciencia para no perder la cordura por el pesado transcurrir del tiempo cuando se espera al amado...

Y mi mente desbocada no deja de escenificar lo que mi cuerpo desea. Siento tu olor a pesar de la lejanía y me dejo llevar por las emociones, tanto las vividas contigo como las que me quedan por vivir.

Siento tus manos en mi piel, se eriza, me estremezco. Tus labios, sabrosos, gruesos, definidos y hechos para el placer se apoderan de mi cuerpo, me absorben y me anulan la conciencia por completo. Ya no soy yo, ni eres tú, es un baile de placer, dos mundos que se difuminan en el éxtasis.

Tu cuerpo encima del mío y tu miembro abriéndose camino lentamente hacen que me derrita. Me rindo, soy tuya y lo sabes. Cierro los ojos, te acojo, atrapo tu miembro y siento cómo resbala fuera de mí. Por unos instantes, muero por la ausencia, para después, retornar a la vida al volver a tenerlo dentro otra vez.

El baile me lleva a saborear tu pene en mi boca, me deleito con él. Mis labios lo tratan con dulzura y mi lengua es su esclava. Lo lamo, lo chupo. Siento que un océano de placer invade mi sexo al sentirlo mío. Está en mi boca ¡por fin!

Espasmos recorren mi cuerpo. Es tu boca la que se encuentra entre mis piernas. Vuelvo a estar a tu merced. Grito, jadeo, araño las sábanas ante la explosión de placer que siento con tu lengua. Mi cuerpo se paraliza, mi sangre bombea de forma acelerada y vuelto a tener deseos de tu pene. Quiero que me penetres, volver a ser tuya por unos instantes y dejarme llevar por el balanceo de tus entradas y salidas.

Mis manos ya no me obedecen. Están sumidas en la danza. Soban mis pechos, los juntan y amasan. Ahora son tus manos las que los recorren, atrapan mis pezones, los agarran fuertemente mientras siento tus acometidas, cada vez más intensas, profundas y apresuradas. Te dejas ir y yo me voy contigo. Reposas sobre mi cuerpo, tu leche caliente riega mis entrañas. Ya no soy yo, tu esencia está en mí.

Cierro los ojos y descanso. Los vuelvo a abrir y miro el reloj, el tiempo pasa lentamente y mi mente vuelve a soñar que estás a mi lado...


martes, 18 de septiembre de 2007

Carta a mi dulce Alice Carroll (Por Mario)


Mi dulce, lasciva, niña, mujer.

Ahora que tu ausencia carnal y tu voluptuosidad es más lejana, acudo en las noches de canícula estival a la luz cálida de mi lámpara, arropado por los ruidos de la noche que entran por la ventana abierta, a visitar a mis amantes, mis putitas estáticas, inertes, morbosas, y risueñas, ajenas al paso del tiempo, siempre bellas y lúbricas, siempre ansiosas y tibias, que miran como embadurno y aferro con la fuerza del deseo mi miembro, que arde en fiebre cuando mi cerebro le envía nítidas sus imágenes desafiantes, en busca de un animal que las posea.

La cadencia de mis caricias, aumenta según ellas cobran vida, diferentes Alicias, de rodillas sobre el lecho donde miles de veces hemos mezclado respiraciones, fluidos y gemidos. Con su combinación blanca alzada por encima de su rotundo trasero enseñándome su carnoso fruto, ella mira fijamente, desafiante, esperando que mi virilidad la ensarte y comience un galope desbocado en sus entrañas que la lleve con gritos a una sucesión de orgasmos y placer.

O también la otra Alice, que ajena a mi mirada, se sujeta sus turgentes pechos alzándolos hacia su boca, mientras su lengua voluptuosa, lame los pezones, incitándome a desear desencadenar un abanico de embestidas imaginarias de mi polla dentro de su vulva sonrosada y húmeda.

Mientras, rememoro las caricias en tu pelo y en tu espalda, a la vez que empapas con tu saliva mi glande que palpita cada vez mas rápido, haciéndole crecer hasta el limite de su elasticidad, largo rato, prolongando el momento de sumergirle, sumirle en tu grieta perfumada de hembra, para celosamente, como siempre, buscar los resortes que la hacen estrecha, caliente y espasmódica.

Y llega, noto como fluye por mi conducto la lava lechosa tratando de que la erupción llegue hasta ellas con rabia animal, y cubro mi miembro, mientras muero lentamente, sólo por esta vez.

Luego sopor y desazón, sé que ellas siguen esperando, sé que no ha sido suficiente para mis Alicias, y les prometo que la próxima vez será más intensa y más larga, que las visitare más a menudo y siento miedo de que sea verdad.

Buenas noches mis putitas, mis esclavas, o lo soy yo acaso de todas ellas…, os deseo.

Firmado: Mario